Un Pueblo que valora su culto: congregándonos con fidelidad (Salmos 27:4-6 y 122:1-3)

 


Introducción

               ¿Cuál es o debería ser la importancia del culto en la vida de los creyentes? ¿Será una actividad necesaria pero no vital? ¿importante pero no trascendente? ¿emocionante y hermosa pero vacía? ¿Qué lugar debe ocupar en nuestras vidas la reunión como pueblo de Dios? ¿Puedo prescindir de ella hasta algún punto? ¿Puedo desconectarme o ser inconsistente, intermitente sin enfrentar algún resultado pernicioso en mi vida como discípulo de Cristo? ¿Qué podemos descubrir en la Biblia sobre el valor que tienen para la vida del creyente los tiempos de culto, los tiempos en que el pueblo de Dios se reúne para adorarlo?

               El libro de los Salmos es una colección fantástica de poemas inspirados por Dios en creyentes como tú y yo, con una diversidad de situaciones, a veces alegres y buenas, pero otras veces tristes y peligrosas. Muchos de ellos, sino todos, eran usados como canticos de alabanza u oraciones en el culto israelita. En ellos los creyentes abrían las profundidades de sus corazones, sus más íntimos pensamientos tocantes a Dios y las circunstancias que vivían. He seleccionado dos salmos donde sus autores nos dejan lo que pensaban y sentía tocante a sus tiempos de adoración como comunidad unida de creyentes. Veamos estas dos poderosas razones que los salmistas tenían para apreciar profundamente los tiempos de culto. Veamos en 1er lugar que…

 

I. Debemos valorar el culto porque renueva nuestra confianza en tiempos de angustia (27:1-6).

               El Salmo 27 se clasifica como un “Salmo de confianza”. Confianza a despecho de dificultades y peligros: “aunque lo asedie un campamento y lo asalte un ejército, aunque lo abandonen sus padres, aunque lo acusen testigos falsos, él sigue confiando en el Señor y en su templo” (Schökel). El vocabulario que usa enfatiza exquisitamente el tema de la confianza: 3b, confiar; 6ª, levantar la cabeza; 13, fiarse, o contar con, esperar, no temer o no temblar; 14, ser valiente y animoso. También lo enfatizan los títulos que escoge para el Señor: salvación, baluarte, auxilio y sus acciones: proteger, ocultar, levantar, acoger (Schökel).

A.      El salmista declara la confianza que ha aprendido a tener en el Señor (vrs. 1):

1.       El Señor es luz, salvación y fortaleza, por tanto, ¡a nadie teme! (vr. 1):

a)       “luz” quizá aquí evoca la vida, la primera experiencia del que nace, vivir es ver la luz, el primer objeto de la creación, primordial, victoriosa, dominadora (Schökel).

b)       “Salvación”: probablemente de los peligros. Esta primera parte del salmo (vrs. 1-6) está dominada por la imagen bélica: campamento, ejército, roca inaccesible, baluarte, refugio de escondimiento y protección. La imagen es de agresión, de guerra defensiva en un recinto urbano… (Schökel).

c)       El Señor es “la fortaleza” de su vida, por tanto, ¡no teme! (vr. 1b). “Fortaleza” se refiere a un lugar o medio de seguridad, de protección, un lugar o estructura fortificada (BDB). Pero, aquí figuradamente referida a Dios.

d)       “¿De quién…?”: la doble pregunta retórica opone cualquier hombre a Dios… y excluyen el temor a cualquier hombre, sin distinción… Temer a los hombres es actitud excluida o superada por el que confía en Dios (Schökel).

B.      La situación de peligro que enfrenta es de guerra, pero hay confianza (vrs. 2-3): probablemente el salmista describe una experiencia que ha vivido en vr. 2 y es la base para su declaración de confianza en vr. 3 (Goldingay, Psams I)

1.       “devorar mi carne”, “vinieron sobre mí”, “los malhechores”, “mis adversarios”, mis enemigos”, presentan una situación bélica (Schökel). Claro, “devorar la carne” es metafórico de hostilidad (ibid.). “Tropezar “ y caer” es una combinación verbal en contextos bélicos (ibid.).

2.       Aun ante el peligro de la guerra (guerra de sitio) habrá confianza (vr. 3). Los dos versos del versículo muestran un paralelismo muy claro:

a)       Ejército que acampa, con guerra que se levanta

b)       No temerá mi corazón con estaré confiado.

c)       El resto del salmo mostrará otros peligros (más allá de la guerra) que se enfrentan: abandono paterno (vr. 10) y un juicio amañado (vr. 12).

C.     El salmista tiene una sola petición: vivir perpetuamente en el templo como lugar de refugio porque ahí encuentra su refugio (vrs. 4-6)

1.       La única petición del salmista (vr. 4a): permanecer perpetuamente en el templo: lo que pide es un privilegio solo de los levitas y sacerdotes, pero es su anhelo y metafóricamente expresa su deseo de vivir espiritualmente cerca de Dios (Schökel). Al ponerla como su “única petición” está ubicando este deseo como lo más importante en su vida, el objeto de su prioridad más excelente: ser el huésped permanente de Dios. La petición puede ser tanto simbólica de la permanente presencia protectora de Yahweh, pero también a la literal y recurrente búsqueda del Señor en el templo para su guía y alabarle (Goldingay). Él está presente tanto en el templo como en las presiones de la vida diaria (ibid.).

2.       La ocupación del huésped perpetuo del Señor (4b):

a)       “Contemplar la hermosura del Señor”: significa “la contemplación complacida, el disfrute visual” (Schökel). “La hermosura”: significa algo grato, placentero a los sentidos. La frase habla de disfrutar de la belleza, contemplar con gozo la belleza. Pero, como el Señor no está representado en imagen y su presencia es sólo de gloria, la expresión es aquí símbolo que describe la inefable experiencia de Dios. La experiencia sensorial se toma como símbolo de la espiritual (aplicación de sentidos).

b)       “Meditar/inquirir en su templo”: el vb. significa observar con atención, ocuparse de. Como en el caso de “contemplar”, expresa también la percepción simbólica: contemplando con atención e interés el santuario, contempla en él y a través de él la hermosura de Dios (cp. Sal. 63:2 y 48:12-14). ¡El valor de la belleza física del templo para conectarnos con Dios!

3.       El templo como lugar casa/palacio de Dios es lugar de refugio en tiempos malos y de alabanza gozosa (vrs. 5-6).

a)       “Me esconderá en su tabernáculo… en lo secreto de su tienda me ocultará… sobre una roca me pondrá” (vr. 5-6ª): en tiempos malos (“el día de la angustia”) el templo es refugio escondido en lo alto de una roca. Allí levanta, oculta y protege Dios al orante (Schökel).

b)       “en su tienda ofreceré sacrificios, voces de júbilo, cantaré alabanzas” (6b): es el templo en su función habitual como lugar de culto. Cuando el Señor actúa en nuestras angustias podemos levantar nuestras cabezas y nuestras ofrendas y nuestras voces (Goldingay).

Aplicación: 1) ¿Pensamos en el culto como fuente de confianza y refugio? El mayor deseo de su alma es dedicar su tiempo para deleitarse en Dios. Este pedido refleja una consciencia de su necesidad espiritual, pero también de su profunda relación con su Dios, pues no puedes anhelar a Dios de esta manera sin haberlo experimentado muchas veces en tu vida. 2) ¿Busco adorar o abandonar mi culto cuando enfrento dificultades? El salmista recurría al culto cuando se veía acorralado por las dificultades de la vida. Debía ser nuestra respuesta también. ¿Algo o alguien me está causando temores o preocupaciones o sufrimiento? El Salmo nos dice, ve a adorar con tus hermanos.  ¿Cuán inspirador es nuestro lugar de culto?  Es algo que no siempre importa en la iglesia, pero, como otras tradiciones lo han entendido, el lugar de adoración también puede ser fuente de interiorización, ayudarnos en la reflexión, la contemplación, la meditación.

El culto tiene otra virtud de gran relevancia para los creyentes, por eso, veamos en 2º lugar que…

II. Debemos valorar el culto como lugar de alegre encuentro de alabanza (Sal. 122_1-5)

               Este salmo se clasifica como un “canto de ascenso” (como dice el encabezado del mismo, junto con los otros salmos desde 120 a 134). Eran cantados cuando los peregrinos israelitas subieron a Jerusalén para las tres fiestas anuales principales: la Pascua, las Primicias (Pentecostés) y Tabernáculos (Mervin Breneman CBMH).

A.      El peregrino se alegra cuando le proponen viajar al templo (Vr. 1-2):

1.       “Yo me alegré cuando me dijeron”: quizá la familia o la comunidad del pueblo ha propone ir a Jerusalén a una de las fiestas. Los aldeanos lejanos no siempre podían asistir a los festivales anuales en la capital. Podría requerir un esfuerzo considerable y organización (J. Goldingay, Psalms 3). A veces la comunidad hacía el esfuerzo. El salmista peregrino recuerda la alegría que le hizo sentir la invitación.

2.       “vamos a la casa del Señor”: obviamente es una referencia al templo, el santuario principal en Jerusalén. Entonces, la base de su regocijo no es precisamente una visita a la gran ciudad capital, sino una visita a la casa de Dios, el templo (Goldingay). ¡Qué alegre es encontrar compañeros en este peregrinaje de buscar a Dios! (Como cuando viajábamos del pueblo a las convenciones prejuveniles o juveniles con la cipotada).

3.       “plantados dentro de tus puertas oh Jerusalén”: el viaje ha concluido y ya están dentro de la ciudad. ¡Qué emoción! “Debe haber una reproducción de esa alegría, en miniatura, en toda reunión destinada a la verdadera adoración” (Derek Kidner, Salmos 73-150)

B.      La alegría viene por tres realidades para el salmista (vrs. 3-5)

1.       Se impresiona por la belleza de la ciudad compactamente unida (vr. 3). Es lo que el visitante aldeano notaba: no casas dispersas e irregulares, sino edificios impresionantes y unidos.

2.       Le impresiona y alegra la unidad de las tribus con la meta de adorar (vr. 4): es el culto al Señor lo que une a las tribus. Aquí convergen grupos diversos unidos por su pertenencia al Señor (“las tribus del Señor”) y por la acción de una alabanza unánime y unísona (Schökel). Es un lugar de comunidad y compañerismo más bien abrumador, cuando los clanes se reunían para el festival (Goldingay). “Para alabar”, es la meta de las tribus reunidas. Cada festival celebraba las grandes obras de Yahweh en su historia nacional.  (Ibid.).

3.       Se alegra de estar en el lugar donde se administra la justicia (vr. 6). Jerusalén era el centro donde se impartía la justicia a todas las tribus. Los peregrinos también podían traer sus casos para ser resueltos y obtener justicia (R. L. Alden, Los Salmos, CBP y Schökel). Debe impactarnos la conexión entre culto justicia. “El culto debe ir acompañado de una acción eficaz a favor de la justicia” (Schökel).

Aplicación: 1) ¿Es el culto sinónimo de alegría en mi vida? O, ¿me produce otro tipo de sentimientos? ¿Tensión o estrés? ¿incomodidad? ¿cero deseo de acercarme? Al salmista le producía alegría. 2) La unidad de las tribus en adoración era bella para el salmista. El culto debe unirnos. Delante del Señor no deberían importar nuestras diferencias. La belleza del Señor debería reducir nuestros conflictos a la mínima expresión. Debía dominar la belleza del Señor. 3. Nuestro culto debe ser adornado o ser coherente con la justicia. No podemos ser adoradores de este gran Dios justo, mientras practicamos o somos indiferentes ante la injusticia del mundo, de nuestros pueblos.

I/C: El culto tiene supremo valor porque es fuente de confianza y lugar de la alegre comunidad de adoración

 

Conclusión

                Si existe una disciplina espiritual hermosa igual que indispensable para la vida cristiana esa es, sin duda, el culto. Para el creyente redimido será irresistible su anhelo por el culto. Su corazón amante del Señor morirá por estar ahí. Se emocionará solo de pensar en estar con la comunidad de creyentes para adorar. Al creyente redimido le resulta sumamente atrayente las pláticas, las charlas, el saludo, la hermandad, la comunión con los demás participantes. Pero, más que eso, contemplar la belleza de su Dios en la adoración, en la oración, y en la Palabra, serán deleites que su corazón redimido no puede ni podrá resistir. Es la naturaleza nueva del adorador. ¿Cuánto estamos valorando el culto? ¿Cuánta expectativa tenemos aún por los tiempos de culto? ¿Se volvió rutina vacía, monótona y seca? Lo único que puede opacar nuestro deleite por la belleza del Señor es nuestro pecado. También extraviarnos a un enfoque legalista, como un tipo de obligación religiosa puede hacernos perder la belleza y atractivo del culto. ¿Por qué no sentimos como el salmista? ¿Cuántos cultos estás dejando de lado? ¿Cuáles son las razones por las que decides ausentarte del culto? ¿Vale la pena sustituirlo? Una buena meta espiritual sería no abandonar el culto durante el mes. ¿Alguien quiere comprometerse a no abandonar el culto a menos que sea por fuerza mayor?

 

 

 

 

 

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