Sara y Agar: Madurar en el camino de fe (Génesis 12:10-20, 20:1-18; 16:1-16)

 


 

Introducción

¡Feliz día a todas las madrecitas! Que sea un día en el que puedan recibir el amor, respeto y gratitud de todos sus hijos y de sus esposos.

La figura de la mujer, su papel y posición en la sociedad no ha sido para nada fácil. Más bien ha sido interpretada como un ser humano inferior al hombre, con menos derechos y aún menos dignidad que él. Pero la Biblia, desde el mimo comienzo la pone en igualdad de condiciones y dignidad que el hombre. El mundo caído en rebeldía con su Dios, sin embargo, desvirtuó casi en todas las sociedades a la mujer, la hizo objeto, pertenencia del hombre, la sexualizo, la posicionó como inferior en fuerza, inferior aún en inteligencia y, para colmo, en dignidad. Por eso la mujer ha luchado a través de la historia y se ha rebelado contra esa historia. La mujer en Cristo y el hombre en Cristo, por lo tanto ha de encontrar la restauración de esa pecaminosa manera de concebir a la mujer y darle el honor y lugar que Dios siempre le ha dado. Pero también la mujer de fe, como tal, debe aprender a confiar en su Dios, a pesar de cualquier desafío o desventaja que enfrente.

Hoy quiero que examinemos tres episodios en la vida de los padres de nuestra fe, Abraham y Sara y aprendamos cómo el mundo y cultura puede moldearnos erradamente en la manera que vemos y tratamos a la mujer.

 

I. Sara: mujer objeto, usada para protección de un esposo inmaduro (12:10-20 y 20:1-18)

A.      1er incidente (12:1-10). Contexto: Abraham ya ha tenido su encuentro con Dios, quien le ha hecho grandes promesas de descendencia, tierra y bendición. Ahora recorre esta tierra de Canaan junto con su esposa Sarai y su sobrino Lot. Es un hombre que ya cultiva una relación con Dios (edifica altares a él, vrs. 7-8). Pero un hambre llega a la tierra y decide descender a Egipto, sin duda en busca de mejores condiciones.

B.      Sara es usada por un inmaduro Abraham con Faraón como moneda de cambio por su seguridad (vrs. 11-13)

1.       Abraham actúa más por temor al hambre y seguridad que por fe (fe inmadura aún) al dejar la tierra prometida y descender a Egipto (Tremper III y McKnight, Genesis).

2.       Pide a Saraí que mienta para protegerse y beneficiarse a sí mismo (11-13)

a)       La entrega (la vende) a Faraón para que sea su esposa, sin importarle poner en riesgo la promesa de descendencia… (Pikaza, La familia en la Biblia).

b)       Trata a su esposa como una propiedad, en realidad la usa como su proxeneta esperando beneficiarse de la sexualidad de su esposa (Tremper III y McKnight).

c)       Su único fin es su seguridad y buen trato: como su hermano puede negociar la propuesta de matrimonio (Tremper III y McKnight).

C.     2º incidente (20:1-18). Contexto: Abraham ya ha tenido su hijo Ismael, por medio de la sierva de Saraí, Agar (una decisión fuera del plan de Dios, cp. 16 y 17). Abraham ha recibido la confirmación del nacimiento de su hijo por medio de Saraí (cp. 17:15-16 y cp.18) y ha paso el evento de Sodoma y Gomorra. Ahora, Abraham y su familia han viajado al nor-oeste y llegan a Gerar, una ciudad filistea (21:32 y 34). De nuevo Abraham va a mentir de nuevo por su temor a los hombres poderosos de la región, en este caso al rey de Gerar. Sara, su esposa será nuevamente usada como moneda de cambio para protegerse. Quizá se agrava, pues si en el primer episodio “le pide” a Sarai que mienta por él, aquí no lo hace, simplemente miente por ambos. En las dos historias, Saraí no tiene palabra, no puede decir nada ni oponerse. Abraham simplemente la usa para asegurar su vida (Pikaza).

D.     En ambos casos, Dios se involucra y salva al temeroso Abraham y a Sara, su moneda de cambio (12:17-20 y 20:3).

1.       Dios hirió a Faraón y Abraham es reprendido por un rey pagano (vrs. 12:17-20)

2.       Dios se comunica con Abimelec y el rey impío reprende y alecciona a la familia de fe (20:3ss). Notar la ironía de que los filisteos sí muestran temor de Dios (vrs. 7 y 8), cuando Abraham no muestra temor sino de los hombres que él piensa no tienen temor de Dios (vr. 11)

3.       Aplicación: 1) Vivimos en un mundo donde todavía, después de 4,000 años y de logros significativos alcanzados por las mujeres tocante a su dignidad frente a la de los varones, aún la mujer sigue siendo usada y vista como objeto sexual para la complacencia de los hombres. Incluso el hombre de fe, inmerso en una cultura patriarcal que minimizaba a la mujer no podía escapar a la costumbre. Saraí es una pertenencia más en los tesoros de Abraham y la puede usar cuando su vida corre peligro, aunque esto implique someter a su esposa al pecado y como si fuera poco a poner en riesgo la promesa y el plan de Dios. ¡Cuan bajo podemos caer incluso los hombres de fe cuando en lugar de temer a Dios actuamos según la cultura que nos rodea! Cuando los hombres vamos de mujer en mujer haciéndoles promesas, pero sin amarlas y respetarlas como a personas con la misma dignidad, nos comportamos igual que el Abraham inmaduro de estas historias. Cuando lo único que importa es mi placer o mi beneficio, mi triunfo sexual sin pensar en lo que le pueda pasar a la mujer (la esposa, la novia) entonces no he entendido aun lo que el evangelio ha enseñado tocante a la dignidad de la mujer. Mujeres no permitan que ningún hombre pisotee su valor. 2) Saraí, como objeto con dueño (Abraham) no tiene palabra, ni derecho a opinar o mucho menos a negarse al plan de su esposo. ¿Cómo nos comportamos los hombres de fe hoy día? ¿Seguimos teniendo a la mujer como alguien cuya opinión no cuenta porque la vemos como un ser inferior? O, ¿habremos madurado al evangelio de Jesús que vindica el valor y la igualdad de la mujer en dignidad? 3) En estos relatos, es Dios quien está pendiente de cuidar a la mujer Saraí (y aún a Abraham de sus mismas malas decisiones). Las mujeres de fe deben saber que Dios nunca está de acuerdo en que se sometan a conductas que van contra su voluntad, aunque sea el hombre de su vida, aunque sea un “creyente” quien las presione. 4) La cultura le decía a Abraham que podía mentir, que podía negociar con la belleza de su mujer, pero Dios quería que confiara en él y sus promesas. Hoy la cultura nos dice que podemos usar el sexo fuera del matrimonio, nos dice que podemos, que podemos experimentar primero para luego comprometerme con alguien. Dios sigue esperando que confiemos en él y su palabra.

Ahora quisiera que reflexionáramos en otra faceta de la vida de Sara y esta involucra a otra mujer, una que será un reto para ella. Agar, una esclava egipcia, probablemente es uno de los esclavos que Abraham recibió por parte de Faron Faraón cuando salió de Egipto (12:16). Ahora la pareja tiene que confiar en una difícil promesa de Dios: un hijo heredero de ambos. Pero el tiempo pasa y Sara no resiste la espera. Ella tiene una solución diferente.

 

II. Sara: Mujer que busca maternidad en un mundo que presiona y una fe deficiente (16:1-6).

A.      Saraí busca una solución práctica pero cuestionable a su esterilidad (vrs. 1-3)

1.       Si Dios le hizo la promesa (a sus 75 años) al darle la orden de dejar Harán (12:4), han pasado 10 años de espera (Cp. vr. 3). Aunque Dios les ha asegurado que tendrán un hijo en el cap. 15, después de 10, Abraham (y Saraí) comienza a dudar de lo que antes había creído en 15:6 (Longman III y McKnight, The Histoy of God Bible Commentary).

2.       Sara continúa sin poder concebir, 10 años después, pero tiene una “gran solución” o tentación y la cultura que le apoya: su sierva Agar (vr. 1-2). “Era un asunto serio para un hombre no tener hijos en el mundo antiguo, pues lo dejaba sin heredero. Pero era aún más calamitoso para una mujer: tener una gran prole de hijos era la señal de éxito como esposa; no tener ninguno era un fracaso ignominioso (¡incluso con sospecha de castigo o maldición divina! [Walton]). Así que en todo el antiguo Oriente se recurría a la poligamia como medio para evitar la falta de hijos (Gordon J. Wenham, Genesis: WBC). Pero una solución más conveniente y aceptable (para esposas ricas) fue la costumbre de usar la maternidad subrogada (o de vientre/madre sustituto/a) de una esclava, que le permitía (¡incluso por contrato legal!) tener a estos hijos como propios (Ibid y Walton, Genesis: The NVI Aplication Commentary).

3.       El sentir de Saraí se deja ver en sus palabras: “… el Señor me ha impedido tener hijos…” (vr. 2). Ella tiene correcta su teología (es Dios quien concede la maternidad), pero deja ver a Dios como malo o con despropósito (no ha cumplido su gran promesa).

4.       Aunque la idea en su cultura y contexto es absolutamente aceptable y apropiada (Walton), ellos están utilizando costumbres contemporáneas del antiguo Cercano Oriente para producir un heredero… no esperan a que Dios cumpla la promesa, sino que manipulan una costumbre social contemporánea para producir un heredero (Longman III). También nos recuerda la costumbre de Abram de buscar soluciones fáciles ante las dificultades en vez de confiar en el Señor (Wenham) (como le hemos visto llamar “hermana” a su esposa).

5.       Hay otro problema: el autor de Génesis ve la decisión como una vuelta a la caída de Adán y Eva: como Eva con el fruto prohibido (en 3:6), Sara toma a Agar y la da a su marido, quien la toma (¡usa la mismísima secuencia, incluso las mismas palabras!) Ya el autor nos advierte que la medida, aunque culturalmente aceptable, no va con el plan de Dios (Longman III y Wenham).

B.      Saraí tendrá un hijo, pero la solución ahora es un desastre (vrs. 4-5)

1.       Parece que el plan es exitoso, pero Agar tiene otra idea (vr. 4): viéndose embarazada, comienza a comportarse con orgullo de madre en menosprecio a su señora estéril (Pikaza).

2.       Saraí echa la culpa del problema (que ella ha generado) a su marido Abram quien no se va a complicar con la madre sustituta de su hijo! (vr. 5-6ª). Se nota grieta en la conducta de Abram al dejar a Agar en manos de una indignada Saraí, pues para bien o mal, es hoy su 2ª esposa y madre de su hijo a quienes debe protección (Wenham). Saraí también recuerda a Eva y a Adan echando la culpa a otros de sus malas decisiones.

C.     Saraí maltrata a su sierva, haciéndola huir (vr. 6): si la respuesta de Abraham pretendía apaciguar la ira de Saraí, ha fracasado, porque la respuesta de ella es abuso de su posición, maltratando a su sierva hasta hacerla huir (Wenham).

“Así termina la primera escena en un desastre total para todos los involucrados. Agar ha perdido su hogar, Saraí a su criada, y Abram a su segunda esposa y a su hijo recién concebido” (Wenham).

Aplicación: 1) La mujer cristiana no debe permitir que la gran dicha de la maternidad le lleve a deshonrar a Dios al buscarla por medios equivocados. 2) No podemos tomar decisiones en base a las costumbres cultural y socialmente aceptadas, siempre es mejor escucharle a él que a la cultura. 3) Mejor es esperar a Dios y no precipitarnos, porque podemos salir mal parados. ¡El fin no justifica los medios! 4) Aprovecharme de mi posición de poder para maltratar al que está mas abajo nunca debería ser la forma de solucionar los problemas en una persona de fe. El abuso de Sara hacia su sierva egipcia y su hijo tendrá una dolorosa reversión en el futuro, cuando los egipcios abusarán de los descendientes de Sarai y Abram.

Pero, Dios tiene algo más que enseñarnos, no por medio de Saraí, la señora, sino de Agar, la esclava.

El maltrato de Saraí para con Agar es tan duro que ella decide escapar… esto nos permite descubrir a…

III. Agar: Una madre maltratada pero alcanzada por la gracia de Dios (16:7-16)

A.      Dios encuentra a Agar y le manda volver a su ama Saraí (vrs. 7-9)

1.       El Ángel del Señor encuentra a la fugitiva y embarazada Agar (vr. 7).

a)       “Si Abram todavía acampa en Hebron, ella ha viajado alrededor de 70 millas (112.65 Kms) a través de un territorio inhóspito, embarazada y aparentemente sola. Ha estado en el camino al menos una semana” (Walton).

b)       No discutiremos la identidad del Ángel del Señor, pero podemos concluir que es Dios mismo encontrando a Agar en su peor y más vulnerable momento, como dice Wenham: “Cuando, como aquí, el texto simplemente habla de un solo ángel del SEÑOR, esto debe entenderse como Dios mismo apareciendo en forma humana, casi siempre para traer buenas noticias o salvación”.

2.       Dios interpela a Agar (vr. 8): como a Adan (3:9) o a Caín (4:9) (Wenham). Nos recuerda el interés y cercanía de Dios en momentos críticos. A diferencia de Adán y Caín que han pecado, la respuesta de agar es perfectamente honesta: ella huye de su ama (lo cual refleja el peligro que sentía correr) (Weham).

3.       ¿¡Dios le envía de nuevo con su verdugo!?: nos parece increíble de parte de Dios, que la devuelva a su ama que la ha maltratado. Pero, El Ángel no la está obligando a regresar a una situación de abuso. Más bien a una sumisión que se aparte del orgullo de querer enseñorearse de Saraí, lo cual esperanzadamente aliviará o detendrá el abuso, pero aún mejor, su obediencia sería recompensada son una gran bendición (Longan III).

B.      Dios le promete una gran bendición/descendencia a Agar cuya aflicción ha oído  (vrs. 10-12).

1.       Dios le promete una descendencia incontable (vr. 10)

2.       El nombre que debe dar a su hijo significa que Dios la ha escuchado (vr. 11): Ismael significa “Dios oye”.

3.       La naturaleza de su hijo será un amante de la libertad, en contraste a su madre que ha sido una esclava (vr. 13).

C.     Agar reconoce a Dios como un Dios que la ha visto (vrs. 13-14)

D.     Agar es vindicada y da a luz a Ismael (vr. 16)

 

Aplicación: 1) los patriarcas nos enseñan que la vida de fe nunca será perfecta. YA sea como Abraham, como Saraí o Agar, nuestra fe a veces se pone en evidenciada por nuestras decisiones, actitudes o conductas equivocadas, aún pecaminosas que revelan precisamente una falta de confianza en Dios. Y nos recuerdan que somos parecidos a Adan y Eva. La buena noticia es que Dios no nos condena a la desventura, aunque nos corrige, nos muestra que sus planes con nosotros no son terminados por un error o pecado humano. Su gracia es mayor que nuestros fracasos. 2) Agar nos recuerda muchas cosas, que el orgullo nunca resulta bien, por ejemplo, pero sobre todo, nos recuerda que en nuestra mayor crisis y peligro, Dios no es indiferente. El Dios de la Biblia es uno que nos encuentra, uno que nos escucha y uno que nos ve en nuestra aflicción. Nos corrige, pero también nos llena de esperanza si le obedecemos, aunque el momento pueda ser duro.

 

 

Conclusión

               El camino de la fe es complejo y claramente humano, con sus defectos e incongruencias. Dudamos, actuamos por miedo, a veces malvadamente. El mundo que nos rodea con sus costumbres y formas, que no siempre están en acuerdo con el carácter de Dios, nos arrastra en su corriente. A veces nuestras decisiones son erradas y dañinas. Aun así, Dios insiste con nosotros: nos reprende, nos disciplina, nos corrige y continúa trabajando con nosotros, a nuestro propio pesar. Este Dios nuestro no pierde nunca sus batallas con nosotros, sigue trabajando y mostrándonos su fidelidad. Eso sí, los errores tienen consecuencias que trascienden y duelen, mismas que podríamos evitar si aprendiéramos a confiar en su palabra antes que en nuestra propia prudencia. Como dice el proverbio: “no seas sabio a tus propios ojos, teme a Jehová y apártate del mal. Será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos” (Prov. 3:7-8)

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