Las bienaventuranzas. Mateo 5:1-10

 Introducción

Está por demás insistir en la importancia que esta sección del Evangelio de Mateo (caps. 5-7) tiene en la Biblia y aun en la literatura universal. “Quizá ningún otro discurso en la historia de la humanidad ha llamado la atención más de la que ha sido puesta en el Sermón del Monte de Jesús. Filósofos y activistas de muchas perspectivas no cristianas han rechazado adorar a Jesús, no obstante han admirado su ética (entre ellos Gandhi y el mismísimo Carlos Marx. Craig L. Blomberg, NAC.). Pero ¿cómo entenderlo? ¡Un estudio reciente ha recopilado treinta y seis diferentes interpretaciones de este sermón! (ibid.).

               Les resumo al menos algunas de las más sobresalientes maneras en que el Sermón del Monte ha sido interpretado a lo largo de los siglos, por ejemplo: 1) los luteranos ven el sermón como una exposición de la ley para llevar a los hombres a suplicar gracia, lo imposible de sus demandas llevan al arrepentimiento; 2) Un estándar superior para los que quieren un nivel más alto de rectitud (clérigos, ordenes monásticas); 3) Un mapa moral hacia el progreso social (los liberales o aún Marx!), un paradigma social y un llamado a la iglesia a traer el reino de Dios a la tierra; 4) era una ética provisional mientras llegaba la consumación que se esperaba sería pronto; 5) los existencialistas no lo ven como algo absoluto, sino un llamado profundo a la decisión personal y una autentica fe; 6) El dispensacionalismo clásico lo vio como la ética para el futuro reino milenial, no para la iglesia (aquí he seguido y combinado las propuestas de Blomberg y de Carson).

                Es mejor, entender el sermón como la ética de vida en el reino de Dios que ha sido inaugurado con la venida y manifestación del Mesías Jesús. “reino” como el centro de su predicación solo unos versículos antes iniciar el Sermón (4: 17 y 23, Carson). Como ética del Reino de los Cielos o Reino de Dios, las bienaventuranzas (vrs. 1-10/12) constituyen junto con las metáforas de la sal y la luz (vrs. 13-16) la introducción (Blomberg) a este gran y el mayor de los discursos de Jesús en Mateo. Esto se nota porque tanto la primera como la octava bienaventuranza (que nos da el marco o límite del primer párrafo) definen como recompensa precisamente al Reino de los Cielos (vrs. 3 y 10). Al final del evangelio, cuando Jesús (en otro monte) ordena a sus seguidores enseñar a todas las naciones “todas las cosas que os he mandado” la referencia indiscutible es (al lado de los otros discursos) precisamente al sermón de la montaña (Luz).

               Dicho lo anterior, una buena pregunta es, ¿quiénes son, entonces, los receptores o los llamados a vivir esta ética del reino de Dios? ¡La respuesta no es tan difícil! Naturalmente, serían los que pertenecen a este reino, la nueva comunidad del Reino que Jesús está formando. Dicho de otra manera, el sermón constituye la forma de vida que ha de caracterizar a los que pertenecen a este reino de Dios, inaugurado en la persona y predicación de Jesús. Como dice uno de mis queridos maestros en su comentario: “Aquí es donde Jesús desarrolla los aspectos éticos que son responsabilidad de los ciudadanos del reino y que reflejan y expresan el carácter de estos ciudadanos... Estos son los valores y principios del reino de Dios que los discípulos deben reflejar y expresar” (David Suazo, La justicia del reino). Describe al cristiano que obra conforme a los preceptos de Jesús (Luz). Pero, como ética del pueblo de Dios, constituye también la voluntad de Dios para el mundo entero, destinatario de su proclamación (Luz). Finalmente es importante observar que, en el Sermon del Monte, existe una tensión entre el “ya y todavía no” (Blomberg). Mientras constituye el ideal o meta para todos los cristianos en cada época, nunca será completamente realizado hasta la consumación del reino con el regreso de Cristo (Blomberg). Y, aunque constituye “el manifiesto por el cual la nueva comunidad que Jesús está conformando debe vivir, esta debe tratar de permear la sociedad con tales ideales, pero en una forma persuasiva y no coercitiva (no por la fuerza, la violencia, o impositivamente) (Ibid).

Vamos ahora a considerar las bienaventuranzas del Reino de Dios y atendiendo al contenido o naturaleza de cada una, las podemos dividir en dos grupos (aquí sigo a Luz): las que tienen que ver con la gracia (lo que se ha recibido para poder actuar o vivir: 1ª a 4ª bienaventuranza) y las que tienen que ver con la vida (que emana de esa gracia: las actividades, cómo actúan, cómo viven) de los ciudadanos del reino. Una manera más simple de comprenderlas es enunciarlas como: las actitudes (1-4) y las actividades (5-8) de los ciudadanos del reino de Dios (Luz). Otros proponen que las primeras 4 enfatizan la relación vertical hacia Dios de los discípulos y las restantes cuatro enfatizarían la relación horizontal hacia las personas (Turner y Bock, Matthew and Mark, CBC). Como su predicador les puedo proponer algo más digerible y simple: el corazón y la vida del cristiano que sigue auténticamente a Jesús (cp. a Suazo, para otra alternativa, y quien aclara que, si bien son artificiales, no mateanas, son útiles). Y, hay que decirlo, son las características que debe manifestar todo discípulo de Jesús, es lo que diferencia a un creyente de quien no lo es. No son tendencias naturales, sino contrarias a la corriente, contraculturales, porque son las características producidas por el reino de Dios en sus vidas (Suazo).

 

Así que consideremos en primer lugar…

 

I. La comunidad de Jesús es dichosa porque reconoce su profunda necesidad espiritual (vrs. 1-6) (el corazón del discípulo)

A.      Jesús enseña a todos pero en especial a sus discípulos (vrs. 1-3a)

1)       “Al ver las multitudes… sus discípulos se acercaron a él”: Jesús está al comienzo de su ministerio, ya cobrando cierta popularidad (cp. 4:25) y recién escogidos sus doce discípulos más cercanos (cp. 4:18-22 y Lc. 6:13-16). Por un lado están las multitudes, pero se destaca a “sus discípulos” como un círculo más cercano a diferencia de “las multitudes”. Mateo probablemente nos quiere presentar una variedad de niveles de interés y compresión (Turner y Bock. También Suazo, Carson y Steffen lo hacen notar).

2)       “Subió al monte… les enseñaba”: algunos piensan que aquí hay una intención de señalar a Jesús como un nuevo pero superior Moises o legislador, quien recibió en una montaña los diez mandamientos (cp. Blomberg, aunque para él es solo quien da la legitima interpretación de la Ley. Keener da más crédito a esta idea y de ser cierta, la revelación superior de Jesús le haría superior a los que se sientan en la cátedra de Moisés, les escribas y fariseos, 23:2). Hablemos de término “bienaventurado” antes de pasar a las bienaventuranzas.

3)       ¿Qué significa el término “bienaventurado” (Μακάριοι)?: ¿cómo debemos entender esta expresión? Tradicionalmente lo hemos entendido como “feliz” o “dichoso”, “tres veces feliz” se decía popularmente. Pero no se trata de cualquier dicha o felicidad, se trata de una que se debe a la aprobación divina (por eso Carson prefiere “bendito”). Es “una condición abundantemente feliz por causa del favor divino… otorgada como una recompensa por parte de Dios” (Carson y Suazo). Pero, importante, la persona “es bendita desde la perspectiva de Dios, aun cuando no se sienta feliz o no esté experimentando buena fortuna” (Michael J. Wilkins, Mateo, CBA NVI). No es un sentimiento interior sino un estado de condición bendita según el juicio de otros (en este caso, Dios. Carson). También es importante entender que, “todas las bendiciones (o recompensas) enlistadas son bendiciones del tiempo del reino; aunque las bienaventuranzas no siempre especificaban por su naturaleza una bendición escatológica, esta era una forma natural de emplear el término “bienaventurado” (makarios, p. ej. 4 Mac. 17:18). Dios consolaría a su pueblo en la restauración final de Israel (Keener). Son presentes, pero también futuras en la consumación.

 

B.      Las primeras 4 dichas, apuntan a reconocer nuestra profunda necesidad espiritual (vrs. 3-6). Es evidente en las primeras 4 bienaventuranzas porque describen el corazón, el ser interior de los que siguen a Jesús y han recibido esta nueva vida por gracia (Luz). Es cómo ellos sienten y se perciben delante de Dios y los demás, es su actitud interior, su alma, su corazón.

1)       La dicha de reconocerse pobre en espíritu: es la dicha de la pobreza en espíritu (vr. 3).

a)       “Los pobres en espíritu” (ο πτωχο τ πνεύματι): ¿qué significa ser pobre de o en espíritu? ¿Quiénes o cómo son estos dichosos? La versión PDT lo traduce e interpreta como “los que reconocen su necesidad espiritual”. Así lo han entendido la mayoría de los intérpretes: “aquellos que se han convencido de su pobreza espiritual; aquellos que han llegado a ser conscientes de su miseria y necesidad (espiritual) (Suazo, Blomberg, Carson). Aquellos que son humildes y contritos de espíritu y que tiemblan ante la palabra de Dios (Is. 66:2, Suazo). “Parece que se refiere a la vida interior del hombre, los que son pobres en lo que se refiere a su vida interior, actitud que está en contraste directo con el orgullo farisaico basado en sus riquezas espirituales” (Roberto Hanna, Ayuda Gramatical, 12). Pero, además, atendiendo a un estudio del “pobre” en el AT (cp. Is. 61:1-3; Sof. 2:3; 3:12-13), se ve que el pobre en espíritu muy probablemente también es pobre literalmente, y en virtud de su pobreza material ha llegado a ser recto, justo, íntegro y fiel a Dios, cercano y obediente a Dios, totalmente dependiente de Dios (Suazo). Uno observa que para Lucas, en su versión de las bienaventuranzas, son pobres literales (Luc. 6:20), pobres puro y simple, de manera que bastabte probable que Mateo también esté pensando en pobres en términos económicos o sociales (Suazo y G. Gutiérrez): “aquellos que han experimentado desafortunadas circunstancias desde un punto de vista económico, pero también oprimidos desde un punto de vista espiritual” (Wilkins). Su sentido de pobreza espiritual tiene como base o razón su infortunio socio-económico, que les hace completamente dependientes de Dios (Blomberg, Carson y Keener, cp. Stg. 2:5 y 1 Cr. 1:26-29). Pero claro, la pobreza no es garantía, solo en tanto provoque humildad ante Dios (Carson).

b)       “de ellos es el reino de los cielos”: es la recompensa de esta primera bienaventuranza y también de la última (los perseguidos por causa de la justicia, vr. 10), lo cual marca los límites del párrafo (inclusio). Esto puede indicar que “todas las bienaventuranzas tienen que ver con le reino de los cielos, al principio, al final y en medio” (Suazo). Es interesante que Mateo usa el presente “es” para estas dos bienaventuranzas (1ª y última, en las demás se usa el futuro). El reino de los cielos, que ya está presente, les pertenece ya, aquí y ahora (Suazo). “Aunque la total bendición de las personas descritas espera el reino consumado, estas ya participan del Reino bendito que ya comenzó” (4:17; 12:28, Carson).

2)       La dicha de poder llorar (vr. 4)

a)       “los que lloran” (ο πενθοντες): se debe conectar con la 1er bienaventuranza en el sentido que el llanto se debe a la reconocida pobreza de espíritu, esta incapacidad humana de merecer el favor de Dios (Suazo). Es un lamento por cusa del pecado personal (ibid). Pero, sin duda, también hay un interés de tipo social aquí. “El luto incluye el dolor causado tanto por el pecado personal y la pérdida, como por el mal social y la opresión (Blomberg). Esto cobra mucho sentido cuando lo conectamos con la 4ª bienaventuranza: el hambre y la sed de justicia. “El llanto es también por la situación de injusticia que vive el mundo… la situación de pobreza, de hambre, de opresión, en fin, de injusticia (Suazo y Blomberg, ven como base la tradición profética de Israel, esp. en Is. 61:2-3, también Carson, que Lucas entendió como “pobres”, en Lc. 4:18).

b)      “serán consolados”: es la recompensa para los que lloran por su pecado y el pecado social. Esta consolación viene desde fuera, alguien más la realiza. Hemos de entender que se trata de Dios (pasivo divino, Keener, igual que en las demás). Pero ¿es solo una consolación espiritual, salvífica, relacionada al perdón del pecado, que sin duda se incluye? Seguramente también tiene que ver (por lo menos en alguna medida) con la liberación de las condiciones de injusticia y pobreza que viven los que lloran (Suazo). Seguramente esas condiciones no serán resueltas definitivamente, sino hasta la consumación del reino (Carson, Turner y Bock y Wilkins). Pero, como comunidad del reino, los creyentes consolados por Dios, somos llamados a mostrar nuestra ciudadanía en el reino con nuestro apoyo y auxilio a aquellos que lloran por el pecado propio y los males sociales (Wilkins).

3)       La dicha de la humildad (vr. 5)

a)       “los mansos”: las versiones alternan la traducción entre “mansos” (RV60, RVC, BTX, BSO, BJL) y “humildes” (LP, NTV, NVI, DHH, BLA). El término (πραες), es un poco difícil de definir. Puede significar ausencia de arrogancia, pero por lo general sugiere mansedumbre y el dominio propio que conlleva (Carson). La humildad no era popular en el mundo greco-romano, pues la veían como servilismo (Ibid. ¿debilidad?). No se trata de ser “tímido”, más bien, de una persona humilde, gentil y no agresiva (Blomberg), “humildad que se manifiesta en afabilidad” (Luz). Tiene que ver con nuestra actitud hacia los demás: podríamos reconocer nuestra bancarrota espiritual y hasta llorar, pero es más difícil ser humildes cuando otros nos hablan de nuestra bancarrota (Carson). Incluso, aquí puede estar implícita la idea de “humillación” o haber sido humillado por los malos o impíos, pero el humilde no recurre a la violencia o la venganza, sino que descansa en Dios (Turner y Bock).

b)       “heredarán la tierra”: es la recompensa para los humildes. Es una alusión clara al Salmo 37:9, 11, 29, donde el contexto enfatiza la opresión de los buenos por los malos (Turner y Bock). El tiempo futuro proyecta lo que Mateo tiene en mente. No hay que interpretarlo metafóricamente, como si no hiciera referencia a geografía o espacio y tampoco limitar el término a la tierra de Israel. Habla más bien de la consumación del reino mesiánico, al cielo nuevo y la tierra nueva (Is. 66:22 y Ap. 21:1), al tiempo de la renovación de todas las cosas (19:28: “en la regeneración” παλιγγενεσία) (Carson). Los discípulos no piden ser removidos de la tierra (como muchos anhelan), sino están para promover los valores del cielo en la tierra y así sea transformada, porque somos la sal de la tierra (vr. 13) y debemos orar que venga su Reino y se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo (6:10) (Turner y Bock). La esperanza cristiana no anhela habitar un país en particular (o el cielo), sino gobernar con Cristo sobre todo el mundo y, en última instancia, disfrutar de una tierra y unos cielos completamente recreados (Blomberg).

4)       La dicha de anhelar la justicia (vr. 6)

a)       “los que tienen hambre y sed de justicia”: el hambre y la sed son necesidades humanas primarias, así que la metáfora que usa Jesús nos habla de la importancia que debe tener la justicia en la vida del discípulo, como la comida y la bebida, así la justicia (cp. Suazo). La gran pregunta, ¿de qué justica habla Jesús y Mateo? Se han hecho varias propuestas. Algunos piensan que se tata de una justicia personal, en el sentido de “rectitud personal” dejando a un lado el tema de la “justicia social” (Luz, p. ej. Pg. 295). Otros se inclinan precisamente hacia la justicia social, porque en el mundo hay injusticia, opresión pobreza que debe cambiar (Steffen muestra ambas opciones, pero propone que se pueden unir las dos interpretaciones). Pensar en la justicia imputada del pensamiento paulino estaría fuera del sentido de Mateo (Turner y Bock). Pero, debido al contexto del sermón del monte y especialmente debido al trasfondo Antiguotestamentario de Jesús y de Mateo tocante al concepto de justicia, que va mucho más allá de la idea de una “rectitud personal” (moralidad individual, p. ejm. en pasajes como: Job 29:12-17; Sal. 112 e Is. 1:17, 21 y 26; Ez. 45:9;) la mejor opción es entender justicia aquí “como algo social, no meramente individual, aunque sin dejar de incluirla. Tiene que ver especialmente con estructuras, con relaciones entre los grupos sociales: gobernantes y gobernados, autoridades religiosas y el pueblo, patronos y trabajadores, opresores y oprimidos, pobres, huérfanos, viudas, jueces, y asesinos” (D. Suazo y John Sttot). Dice Carson: “al no estar satisfechos con la sola justicia personal ni la sola justicia social, claman por ambas: en resumen, añoran el advenimiento del reino mesiánico” (así también Turner y Bock).

b)       “serán saciados”:  la recompensa aparece en futuro. Por eso, la completa realización de este anhelo (y la historia lo comprueba) espera la consumación del Reino Mesiánico (Carson). “En este lugar se alcanzará esa anhelada justicia que caracteriza, precisamente, al reino de Dios (6:33, ver 2 P 3:13), la cual no es una realidad en la actualidad. ¡Por eso es que el hambre y la sed se hacen tan evidentes! (Suazo). ¿Sentimos esa hambre? 

Aplicaciones: 1. ¿Hemos entendido nuestra miseria espiritual, que somos totalmente incapaces de alcanzar el ideal de Dios? Solo cuando lo comprendemos podemos entregarnos humilde y desesperadamente a Dios y a su reino. Mientras sigamos pensando que tenemos algo bueno y digno, nuestra entrega total a Dios será a medias. Necesitamos romper nuestro gran orgullo humano. Por eso los pobres, los que no tienen nada son más dispuestos a dar la bienvenida al evangelio en sus vidas. Mientras no aceptemos nuestra miseria espiritual, jamás podremos poseer el reino de los cielos, jamás nos entregaremos al reino de Jesús. 2. Esa conciencia de pobreza espiritual nos ha de llevar a dolernos por nuestro pecado. El discípulo es uno que llora, se lamenta al tomar consciencia de cuan miserablemente pecador es. Pero no solo llora por su pecado personal, también se duele por el pecado del mundo en el que vive. No podemos ser indiferentes al dolor que el pecado produce en el mundo. Dios promete consolar a estos que lloran por el pecado, con su perdón y la esperanza de su reino justo. Nunca, pero nunca un ciudadano del reino de Dios será indolente ante el pecado. ¿Cuánto hemos llorado por nuestro pecado y el del mundo? 3. Este sentido de bancarrota espiritual y dolor por el pecado no puede sino resultar en un corazón humilde en el verdadero discípulo de Cristo. En él no hay lugar para la arrogancia, la prepotencia, el orgullo, la altivez. Su conciencia de miserable necesitado del favor de Dios le vuelve compasivo, misericordioso, paciente, amable y bondadoso con su semejante. Y el humilde, como heredero de la tierra, le ha de importar lo que sucede en la tierra, no solo piensa en el cielo como meta. Desea que el cielo con sus valores venga a la tierra (“venga tu reino”), pues es su herencia y avanzamos hacia tierra y cielos nuevos donde mora la justicia (2ª Pe. 3:13). 4. Finalmente, ¿Cuánto anhelamos ser más rectos o justos como personas? Es algo que anhela nuestra alma como a la comida misma?... Pero, más allá de una justicia personal (como vimos), ¿Cuánto me ha importado o me importa la injustica que hay en el mundo? Entre los evangélicos hablar de justicia o injusticia casi es pecado. De inmediato se tilda a quien se atreve a mencionar ese tema como político, izquierdista o comunista o marxista. Pero, totalmente ignorando que es la Biblia y Jesús mismo quien nos dice que debemos anhelar como si fuera comida o agua el gran ideal de la justicia. Los creyentes deberíamos ser los primeros en exigir a nuestros gobernantes que se aparten de la injusticia, de la corrupción y la mentira, que dejen correr la justicia como ríos, como dicen los profetas en el AT. ¿A quienes vemos abogar por la justicia en nuestro país? ¿A caso a los pastores o a las iglesias? Vemos más a periodistas valientes, a mujeres defensoras de derechos humanos muy valientes y a ong’s hacerlo. Hermanos, por favor, no digamos que defender la justicia es algo político, digamos más bien, esto es algo bíblico, propio de los que conocemos y pertenecemos al reino de Dios.

II. La comunidad de Jesús es dichosa porque muestra un gran compromiso con el prójimo (vrs. 7-10).

La segunda dicha consiste en tener un compromiso con el prójimo y las otras 4 bienaventuranzas nos lo muestra de la siguiente manera (vr. 7-10).

A.      La dicha de ser misericordiosos (vr. 7)

1)       “Los misericordiosos” (ο λεήμονες): “La misericordia se asocia a menudo con la compasión. Siempre tiene que ver con actitudes y acciones a favor de otros, particularmente los que están en necesidad y sufriendo” (Suazo). La compasión está muy ligada a la humildad (3ª bienaventuranza), “porque ser humilde es reconocer ante los demás que somos pecadores; ser compasivo es tener misericordia de los demás, porque ellos también son pecadores (Carson. Énfasis suyo). La misericordia, la humildad y la justicia son un eco de Miqueas 6:8 (Blomberg: “Él te ha declarado oh hombre lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar misericordia y andar humildemente con tu Dios?”). El ejemplo máximo de esta virtud es Jesús mimo y la enseño en la famosa parábola del buen samaritano (Lc. 10:25-37).

2)       “recibirán misericordia”: la retribución de ellos es por igual la misericordia. El futuro (“recibirán”) no debemos entenderlo solamente como escatológico, para el tiempo final, sino en términos del Reino de Dios presente aquí y ahora (Suazo). El dispensador de esta misericordia, implícito aquí, debe ser Dios mismo (Carson).

B.      La dicha de un corazón limpio (vr. 8)

1)       “los de limpio corazón” (ο καθαρο τ καρδί): esta bienaventuranza puede clasificarse como del ser interior humano (quizá falla un poco mi clasificación, pero verán que no tanto). El corazón es el centro del querer, pensar y sentir humano (Luz), pero aquí estamos en un contexto de relaciones interhumanas (misericordia, justicia, pacificación ¡y todo el sermón!), no es un asunto de simple religiosidad interior y privada (Luz). “Corazón limpio” habla primero de una sinceridad y genuinidad interior (un corazón completo, no dividido, integro) en el compromiso y devoción a Dios, lo cual, en segunda instancia, implica una pureza moral (imposible separarlos (Steffen, Carson). “La falsedad interior, el engaño y la indecencia moral no pueden coexistir con una devoción sincera a Cristo (Carson). Un corazón puro, está comprometido con Dios verdaderamente y este compromiso produce una moralidad de relaciones correctas con sus semejantes. Así Santiago puede relacionar la pureza con ser pacificador, misericordioso, amable, condescendiente, etc.… (Stgo. 3:17-18. Keener). Corazón limpio, también habla de una coincidencia entre mis acciones (lo externo) y mis actitudes o motivaciones (el corazón limpio) (Suazo, Turner y Bock). Uno puede ser correcto por fuera, pero corrupto por dentro (como los fariseos que Jesús señaló como “sepulcros blanqueados”). Pero, yo creo que lo más común es que un corazón podrido se refleja en una conducta igualmente podrida hacia el prójimo.

2)       “verán a Dios”: La recompensa, parece ser la mejor de todas, la más excelsa: ¡ver a Dios! (Suazo). Ver a Dios es algo que se experimenta en el presente en el sentido de conocerle, tener intimidad con él, amistad, relación (Suazo). Dice Pablo que contemplamos la gloria de Dios “como por un espejo, veladamente” (1Cor. 13:12; 2 Cor. 3:18). Pero también está la visión final (escatológica) de Dios, que es la gran esperanza y anhelo de todo creyente (Suazo, Luz). ¿Tienes ese anhelo sublime?

C.     La dicha de buscar la paz (vr. 9)

1)       “los pacificadores” (ο ερηνοποιοί). Aquí no se trata de personas pacíficas, que es algo bueno, deseable, pero pasivo (como ser manso). Aquí se hable de una actividad (algo activo), la de trabajar en la búsqueda de la paz (así se traduce en LP, NVI, BJL) o que procuran la paz (así en NTV, BTX, BLA). Se trata de una característica activa del discípulo… son personas que hacen esfuerzos conscientes por hacer y buscar la paz” (Suazo, Carson). Isaías 52:7, vincula la paz con la salvación y el reino de Dios, así que la paz se entendía en el primer siglo como un elemento del reino mesiánico (Carson). Por eso la pacificación, la reconciliación humana tiene todo que ver con la predicación del evangelio de la paz. Como representantes del reino de Dios y proclamadores de este, somos agentes de paz. Procuramos la reconciliación, no promovemos, ni buscamos, ni provocamos conflictos, trabajamos en su solución. No nos deleitamos en divisiones, amarguras ni contiendas (Suazo, Carson).

2)       “llamados hijos de Dios”: Qué interesante, esto nos dice que Dios es el pacificador por excelencia. Si nosotros lo imitamos, entonces nos parecemos a él, y seremos identificados de su estirpe, sus hijos, sus verdaderos embajadores (Blomberg). ¡Cómo habrían sido sacudidos los zelotes revolucionarios con esta enseñanza! (Carson).

D.     La dicha de ser perseguido (vr. 10)

1)       “perseguidos por causa de la justicia”: Parecería contradictorio con la anterior. Pero, significa que no siempre se logrará la armonía al buscar la paz. La justicia no siempre es el objetivo de las personas, y cuando la buscamos habrá conflicto, sin duda. Pero, en los ojos de Dios seremos dichoso cuando suframos algún tipo de persecución por causa de promover, procurar y buscar la justicia. La justicia ya la hemos encontrado en la 4ª bienaventuranza y hemos argumentado que justicia, aquí tiene que ver más con la justicia social, más que una justicia personal en el sentido de rectitud personal. Esta bienaventuranza estaría confirmando esta interpretación de justicia, puesto que sería raro (quizá no imposible, cp. 1 Pe. 2:11-21 y 2 Tim 3:12, aunque Pablo habla de persecución por causa de la misión en territorios hostiles) ser perseguido por ser una persona “que se porta bien o que es correcta (Suazo). Pero cuando se aboga por cosas como: equidad salarial, reducción de la pobreza, protección del medio ambiente, un sistema judicial en el que se pueda confiar, transparencia y rendición de cuentas en los fondos públicos, no a la corrupción, etc…, es entonces cuando se experimenta la persecución. También el versículo 12 mencionará la persecución de los profetas y ellos fueron perseguidos por su denuncia del pecado y la injusticia social, cosas como las que acabo de mencionar.

2)       “de ellos es el reino de los cielos”: termina como inició las bienaventuranzas: afirmando la posesión del reino de los cielos como la recompensa, en este caso de los que son perseguidos por causa de la justicia. Los vrs. 11 y 12 aunque continúan con el tema de la persecución, se consideran el comienzo de una nueva sección (Suazo).

 

Aplicaciones: 1. ¿Cuanta compasión hemos aprendido a mostrar por aquellos que sufren? Normalmente la espiritualidad evangélica tiende a ser muy individualista, poco solidaria con el que sufre. En buena medida así fue el evangelio que heredamos, porque así era la teología de nuestros misioneros. Y de por sí la doctrina reformada de la Salvación por la fe sola sin las obras nos hizo minimizar la importancia de estas obras de compasión y misericordia. También la teología traída había sido un formulada en un contexto muy distinto al nuestro donde las desigualdades son más palpables. Pero se nos dijo que la pobreza es producto del pecado personal, el desorden en la vida. Y esto es cierto muchas veces, pero también es cierto que la pobreza en gran medida es producto de un sistema económico bien diseñado para la pobreza de las mayorías y la opulencia de los pocos (4 generaciones para pasar de un nivel social a otro en el país). Así que vivimos en un continente con mucha oportunidad alrededor para mostrar compasión. 2. El corazón limpio nos habla de honestidad, integridad, ser reales, verdaderos, genuinos dondequiera y cuandoquiera que nos encontremos. Lo contrario sería la hipocresía, el cambio camaleónico según el ambiente o las personas con quienes nos encontremos. También nos hable de pureza moral. Uno puede llenar su corazón de los instintos y pensamientos más bajos y pecaminosos. Pero el discípulo está siempre trabajando por tener un corazón limpio, desechando constantemente todo aquello que pueda contaminar su corazón. ¿Cuánto estamos cuidando nuestro corazón para que sea limpio? ¿Estamos personando las ofensas, abandonando el rencor, dejando los pensamientos inmorales, renunciando a la pornografía o cualquier medio contaminante? 3. ¿Qué tal el trabajo por la paz? ¿Promuevo y busco la paz, o qué promuevo? ¿Soy consciente de que en lugar de promover paz promuevo a lo mejor, rencilla, división, odio? ¿Soy de los que nunca puede perder, sino solo ganar? ¿De los que siempre tiene algo qué decir? ¿o con humildad trabajo de tal manea que se pueda mantener la paz, la comunión y la armonía? Los hijos de Dios van por esto último. ¿Por dónde vas tú? 4. Sufrir por causa de la justicia. ¿Qué calificación nos pondría el Señor en este rubro? Ponerse del lado de la justicia siempre será peligroso, y por eso nunca será popular. Porque es señalar que algo no está bien en el mundo y es señalar a los responsables de impartir justica, que casi siempre son los que están en posiciones de poder y autoridad. La ética de Jesús nos enseña a ponernos del lado de la justicia, de que sufre de alguna manera la falta de esta: en forma de pobreza, en forma de desalojo de sus tierras por causa del “desarrollo”, en forma de arruinar su medio ambiente, sus ríos con contaminación, encarcelamientos injustos. Ponernos del lado de la justica implica hablar de esto sin pensar que es algo político, porque es algo bíblico. Jesús dice aquí que para Dios es bendito aquel que sufre por esta causa. Tenemos buenos ejemplos en la cristiandad, que no solo sufrieron, sino que perdieron sus vidas por causa de su compromiso con la justicia. A los evangélicos nos enseñaron que estas no eran causas evangélicas, y nos enseñaron mal. Nos dijeron que debíamos ser apolíticos, pero cómo si somos parte de la polis, la sociedad (otra cosa es ser político partidario). Les aseguro que si nuestra única función en las problemáticas sociales es orar, nunca participaremos de esta bienaventuranza.

I/C: La comunidad de Jesús es bendita porque comprende su profunda debacle espiritual y entonces vive comprometida con el bien de su prójimo.

Conclusión

               La comunidad que Jesús sigue formando a través de los siglos es bendita, pero no bajo los términos más comunes que la humanidad entiende la felicidad. La comunidad de Jesús es bendita bajo los términos del Reino de Dios que Jesús vino a inaugurar. Los discípulos o son dichosos o felices porque así lo son para Dios en los términos suyos. Son dichosos porque han entendido que les falta Dios en sus vidas y por eso son pobres en espíritu, son felices porque lamentan su falta de bien en sus vidas, lloran por su pecado, pero también son conscientes que el mundo vive bajo el mal, lo han entendido y les duele. Son dichosos porque esa comprensión les ha hecho personas humildes de corazón, que rechazan la prepotencia y el orgullo que se pone sobre los demás y han decidido valorar a los demás seres humanos por la dignidad inherente que poseen como imagen de Dios. Son benditos porque al ver el mal en el mundo les ha sido provisto (por Dios, por supuesto) una necesidad profunda por ver la justicia ser realizada en sus vidas y en su mundo (de eso se trata la imaginación profética, de imaginar en base a la revelación de Dios el mundo diferente que Dios ha planeado). Pero ese ser interior de necesidad no les deja pasivos. Su estado bendito les hace actuar a favor del prójimo, son misericordiosos con las personas, especialmente con aquellas que sufren, son compasivos y muestran esa compasión en su vida cotidiana con generosidad material y con un trato digno hacia su prójimo. Son benditos porque al entender su condición están aprendiendo a ser genuinos, verdaderos y honestos. Luchan contra su tendencia hacia el engaño, la falsedad e hipocresía. Buscan ser íntegros, limpios de corazón. Son benditos porque se esfuerzan por propiciar la paz. Piensan bien en sus respuestas. Consideran bien por qué vale o no la pena insistir. Ayuda a otros a restaurar la paz no a fomentar el odio y la separación. Finalmente, son personas benditas para Dios porque están dispuestas a sufrir por la justicia. Se ponen del lado de aquellos que sufren injusticia. No se quedan cómodos o callados: defienden al indefenso, al pobre, a la viuda, al huérfano, al inocente encarcelado, al despojado de su tierra por el avance del desarrollo implacable, al despojado de sus ríos y fuentes de agua y de sus bosques. Al que no tiene derecho a la justicia en los sistemas judiciales comprados. Y podría seguir. Por eso son perseguidos. La pregunta incómoda es, ¿Cuánto de estas bienaventuranzas se reflejan en nuestras vidas? El gran problema es que estas son las características de los que pertenecen a la comunidad del reino de Dios y de Jesús.

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