Un culto que nos conecta con Dios
Introducción
Uno
de los grandes retos que venimos tratando y luchando como iglesia es convertirnos
en una iglesia que puede atraer a las personas. Que cuando las personas nos
conocen lleven la impresión que han estado en un lugar al que desean volver. Uno
de los aspectos que, hemos aprendido, tenemos que mejorar más y más para ser esa
iglesia es precisamente mejorar lo que estamos haciendo en este momento:
nuestro culto. Nuestro culto debe ser de tal manera que la gente, tanto
nosotros como los que nos visiten realmente experimenten un tiempo en el que Dios
hace una conexión con ellos y con nosotros, con todos. Nuestro culto ha de ser
un tiempo transformador, donde experimentemos una conexión divina y un impacto
para la vida. Tengo tres cosas que pueden mejorar nuestro culto para que
produzca una verdadera conexión con Dios.
I. Es
un culto que no divide (o discrimina) (1 Cor. 11:17-22):
A. Contexto: 1 Corintios es una de las
cartas escrita por el apóstol Pablo a esta iglesia que él había fundado en la
primavera del 51en su segundo viaje misionero (Hch. 18:1-18) (David K. Lowery, ECB).
Pablo les escribe esta carta (a parte de otra carta extraviada y nuestra 2ª
Corintios) para corregir varios problemas y responder a inquietudes que le han
hecho llegar sobre algunos temas específicos. Entre los problemas más
importantes estaban asuntos de inmoralidad sexual, asuntos del uso desordenado
de las lenguas y la profecía en el culto. Pero uno de los problemas más delicados
era la división entre los hermanos. Una especie de partidos en torno a líderes
destacados, que incluían al mismo Pablo (leer 1:10-13). Pero había también otro
tipo de división, que, quizá debemos mejor llamarle “discriminación”. El hecho
lamentable de apreciar a unos y despreciar o menospreciar a otros. La belleza
de un culto que será atractivo en primer lugar para Dios, para nosotros mismos,
pero también para las personas que nos visiten, y que nos conecte verdaderamente
con Dios, que nos bendiga espiritualmente, habrá de ser uno en el cual no
practiquemos la discriminación, uno donde todos nos apreciemos como personas,
como seres humanos.
El texto que tocamos es nuestro muy usado texto sobre la Santa Cena. Y
hay mucha evidencia que el culto cristiano primitivo giraba en torno a la Cena
del Señor. Así que nuestro texto tiene todo que ver con el culto, lo que
sucedía en el culto de los primeros creyentes. Vamos a nuestro texto.
B. Pablo corrige a la iglesia que discriminaba
a los hermanos pobres en el culto.
1. “no os congregáis para lo bueno,
sino para lo malo” (vr.
17). Notemos que nuestro pasaje se refiere precisamente a la iglesia cuando se
congrega o se reúne para realizar el culto. Se supone que el congregarse es una
actividad que trae bien, es algo bueno para el creyente. Pero cuando se discrimina
a la gente, el propósito de bien se pervierte, se convierte en una actividad
“para lo malo”.
2. “cuando os reunís como iglesia hay
divisiones” (vr.
18): “divisiones” es literalmente “cismas” (gr. sjismata). A
parte de las divisiones por preferencias personales en los primeros capítulos,
hay otro tipo de división: diferencias sociales que se manifiestan en el culto
(Fee). El culto, que se supone es el
contexto por excelencia donde se expresa la unidad de la iglesia está sirviendo
para expresar una división (Lowery). ¡Esto causa el mal en lugar del bien!
3. “Aprobados” (vr. 19): para Pablo las divisiones
servirían para identificar a los verdaderos y los falsos creyentes. Los
“aprobados” serían los que nos hacen discriminaciones entre los creyentes.
4. El problema consistía en que los
creyentes ricos discriminaban a los creyentes pobres en el culto (vrs. 20-22). Por
3ª vez menciona el verbo “congregarse” (17, 18 y aquí).
a. “ya no es comer la Cena del Señor”
(vr. 20): la Cena del Señor conmemora el acto menos egoísta y más incluyente de
todos, pues Cristo murió por todos los seres humanos sin distinción. Pero en
Corinto se ha desnaturalizado convirtiéndolo en un acto donde se divide distintiva
y escandalosamente a las personas (Lowery).
b. El centro del problema se expresa en
vrs. 21 y 22: Parece que unos corrían a tomar su cena con abundancia, dejando a
los más pobres (y seguramente menos influyentes) sin cena. Para Pablo eso era
“menospreciar a la iglesia del Señor” porque “avergonzaban a los pobres”,
dejándolos en último lugar, con hambre, sin comida.
Aplicación: el gran problema, el verdadero, lo
que Pablo está condenando aquí es el menosprecio por la gente pobre en el
culto. Es un corazón que hace discriminaciones sociales dentro del culto de la
iglesia. Si no evitamos y rompemos con ese tipo de actitudes, nuestro culto
difícilmente será uno que nos conecte con Dios, porque nos desconecta con los
hermanos, algo profundamente contrario a la naturaleza del culto cristiano que
celebra la comunión del pueblo de Dios mediando Cristo y su obra. Todo lo
contrario, en el culto, los sociológicamente más privilegiados deberían tratar
con especial consideración a los de más humilde condición, como Cristo lo hizo.
II. Es
un culto pensado para edificar (1 Cor.
14:23-26)
A. Contexto: en el capítulo 14, después
de corregir la discriminación social en el capítulo 11, enseñar sobre la
diversidad de dones con que Dios ha dotado a la iglesia y la importancia de
todos ellos (cp. 12) y la necesidad de usarlos con el ingrediente indispensable
del amor (cp.13), va a corregir un segundo problema de la iglesia que se
relacionaba, de nuevo, directamente con el culto.
En los versículos 1-22 Pablo viene hablando de la superioridad del don
de profecía sobre el don de lenguas, por su capacidad para edificar a los
creyentes por usar el lenguaje normal, entendible para todos. No así el don de
lenguas (muy amado por los Corintios) que se expresa en un lenguaje desconocido
para todos a menos que se auxilie por medio de otro don, el de interpretación. En
los versículos que meditamos, Pablo nos da una conclusión de la que aprendemos este
principio que debe guiar nuestro culto para que verdaderamente nos conecte con
el Señor.
B. Pablo anima a la iglesia que su
culto sea pensado para que edifique: estos versículos nos dan atisbos de cómo
era una asamblea cristiana primitiva reunida para adorar (Fee).
1. “… si toda la iglesia se reúne” (vr. 23): notemos una vez más, que
estamos ante un contexto de culto.
2. “y todos hablan en lenguas”: es bastante evidente en esta carta
que los hermanos de Corinto tenían una marcada preferencia por el don de
lenguas y probablemente también por el de profecía, cuyo uso también va a
regular Pablo. La expresión es probablemente exagerada (no todos tendrían ese
don, 13:30), pero apunta a la realidad de que muchos sí lo tenían y lo usaban
en las reuniones comunitarias de la iglesia (Fee). Lo mismo se puede decir con
respecto a la profecía.
3. El problema es que si todos se
dedican a usar su don de lenguas habrá confusión, especialmente para dos tipos
de personas: el indocto (gr. idiotes) que puede referirse a creyentes
principiantes, recién convertidos o simplemente simpatizantes interesados (Lowery,
Fee, Thiselton) y para el no creyente o incrédulo. La conclusión de ellos es
que “están locos”. En el ambiente de Corinto había religiones de misterios que
practicaban expresiones frenéticas y descontroladas en sus cultos. Los poco
instruidos o recién llegados a la iglesia podrían identificarlos como uno más
de estos cultos. Hay que notar el siempre presente interés evangelístico de
Pablo. Para él la asamblea reunida en su culto ¡es un medio de evangelización!
4. Para Pablo es mejor el don de
profecía por su capacidad para impactar a las personas (vr. 24-25). “Todos
profetizan”, es también una exageración intencional de Pablo, pero indica algo
de la realidad de lo que sucedía en aquella iglesia: muchos participaban con
este don y de manera desordenada (cp. la indicación de Pablo en vrs. 29-33). La
conclusión de los principiantes y de los incrédulos será que “Dios está entre
los creyentes”, en el culto. Este es el tipo de conexión que el culto debe
producir entre los asistentes: la impresión de que algo espiritual está
sucediendo aquí y por tanto, un impacto espiritual genuino en la persona:
convencimiento, conversión, adoración.
5. La con conclusión de Pablo: un culto
muy participativo, pero edificante (vr. 26).
Aplicación: 1) Cuando pensamos en nuestro culto,
cuando lo planeamos, cuando lo organizamos será necesario siempre hacernos varias
preguntas: la fundamental ¿cómo este elemento edificará a las personas? También
podemos preguntarnos cosas como: ¿Este punto producirá bendición? ¿Hay algún
elemento que pueda causar confusión o una mala impresión o una mala interpretación
en las personas? ¿Hay algo que deje la impresión de desorden? ¿Hay algo que
debemos ordenar o limitar? 2) También podemos pensar en la manera en que
impactará nuestro culto a las visitas y los no creyentes. ¿Qué puede producir
una conexión divina en ellos? Les propongo algunos pensamientos: a) una
asistencia robusta impacta, por eso es triste cuando muchos no asisten, b) una participación
entusiasta de los creyentes impactará, c) (esto para nosotros los predicadores)
una predicación bien hecha, espiritual, pertinente que conecta con las
realidades, d) un trato digno, atento y amoroso a todos (especialmente a los
más sencillos), como hemos visto.
Hemos dicho
que un culto que conecta con Dios será uno que 1) no divide a las personas, no
discrimina, especialmente a los más humildes y 2) será un culto que está
pensado para edificar. Todo esto es necesario, pero no servirá de nada si no es
una expresión verdadera y genuina del corazón, por eso en 3er lugar, el culto
que nos conecta con Dios…
III. Es
un cuto verdadero (Juan 4:20-24)
A. Contexto: En uno de los episodios más
hermosos de los evangelios, y particular al evangelio de Juan, Jesús está
regresando de Judea a su provincia de Galiles con sus discípulos y se ve en la
necesidad de atravesar por Samaria. Aquí se da su famoso encuentro con la mujer
samaritana. Jesús está evangelizando a esta mujer y hablan de muchos temas: el
agua viva que da vida eterna, la vida no muy ordenada que ella llevaba (¡ya con
su sexto marido!). Y justo aquí la mujer da un giro a la temática (incómodo
tema!) y va a hablar de la adoración. Ella percibe que hay algo especial en
este hombre (“me parece que eres profeta”, vr. 19) y quiere saber lo que piensa
del culto o la adoración correcta. Aquí no hay iglesia aun, no hay liturgia
cristiana, pero esto es algo más profundo. Se trata de lo más importante en
nuestro culto: la autenticidad, la verdad en lo que hacemos. ¡Muy interesante
que este gran tema le interese a una mujer como esta, y que Jesús le enseñe a
ella, siendo mujer, samaritana y de cuestionable vida! (Bartley, CBMH). Vamos
al texto.
B. Jesús enseña a la samaritana que la
autenticidad es lo más importante en la adoración. El único culto que nos
conectará con Dios es aquel que es real.
1. “Nuestros padres adoraron en… y
vosotros decís que en…” (vr. 20). La mujer tiene una duda sobre la adoración
correcta. Ella lo ve en términos de lugares correctos: el Monte Gerizim en
Samaria (donde ellos habían construido su propio santuario entre 335 y 330 a.C.)
o Jerusalem en el monte de Sión.
2. Jesús le instruye con dos
aclaraciones importantes (la 2ª. Muy dura, pero necesaria) (vrs. 21-22)
a) Los lugares de adoración ya no serán
importantes (vr. 22). Quizá una referencia a que estos actuales santuarios
serían destruidos o dejarían de ser importantes porque la verdadera adoración
tendrá un gran giro con la venida del Mesías. En adelante se adorará en
cualquier lugar.
b) Ellos adoran (los samaritanos)
adoran lo que no conocen (vr.22). Jesús está diciendo que el sistema religioso
samaritano es deficiente, incapaz de conducir la vida humana hacia Dios. Ellos
habían rechazado los escritos de los profetas, los Salmos, los libros
históricos y muchas otras parte de la Revelación, por lo que su conocimiento de
Dios sería muy limitado (Morris). “La salvación bien de los judíos”, es
una declaración contundente, pues el plan de redención para el ser humano viene
por medio de esta nación, ya que el Salvador es un judío. ¡Y ella está a punto
de saber que habla con él!
3. Jesús le enseña que la adoración correcta
es aquella que se basa en la verdad (vrs. 23-24). En primer lugar la adoración
correcta debe estar basada en lo verdadero y no en lo falso. Los samaritanos
adoraban lo que ni siquiera conocían, era una adoración con un falso fundamento
y objetivo. Pero, en segundo lugar, y quizá es el énfasis aquí, la
adoración que Dios busca es aquella que se lleva acabo “en espíritu y verdad”: es
decir que nuestra adoración no debe ser solo “del diente al labio”, de la boca
hacia afuera, ni basada en lugares correctos, sino que debe ser en nuestro
espíritu. Esto significa que debe ser autentica, real, verdadera, desde nuestro
ser más interior, nuestro espíritu. Por eso será verdadera y no fingida. “La
combinación de espíritu y verdad habla de la necesidad de que
nuestro acercamiento a Dios esté marcado por una sinceridad y una realidad
plenas” (Morris). Hay dos palabras importantes aquí: “busca”: Dios no
solo se complace en estos adoradores sino que “los busca”. Hay un interés
especial de Dios por este tipo de personas. La otra palabra es “es necesario”.
No es algo opcional, sino algo absolutamente necesario, adorar así.
Aplicación: Nuestro culto puede ser con sensibilidad
hacia las personas, puede ser muy bien pensado para que sea muy edificante,
pero si carece de verdad, de realidad, si no brota de nuestro interior, no
servirá de nada. Será inútil y vacía, incapaz de conectarnos verdaderamente con
Dios y tampoco ayudar a otros a experimentar esa conexión.
Por eso
quisiera que captáramos esta idea el día de hoy: Necesitamos …
I/C. Que
nuestro culto sea sin divisiones, edificantemente pensado y genuinamente
expresado.
Conclusión
No necesitamos argumentar la
importancia el culto como elemento central en la vida de la iglesia. Es el
espacio donde la comunidad de creyentes expresa de la manera más hermosa su
amor y devoción por el Señor. Es un tiempo en el que los corazones son expuestos
a la revelación especial que constituye la Palabra de Dios escrita, que es el
alimento que da vida espiritual. Pero también es un espacio de testimonio del
amor y la nueva vida que posee la comunidad de creyentes. Es el lugar donde los
nuevos o potenciales nuevos discípulos pueden experimentar la nueva dimensión de
vida que el evangelio produce en el ser humano, una comunidad gozosa, amante y
recta, a diferencia del mundo sin Dios. Estamos llamados a realizar un culto
que, en definitiva, conecte a las personas con la nueva creación que Dios está formando
y trayendo por medio de su Pueblo redimido. ¿Cuál es el efecto que produce nuestro
culto en la vida?
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